En busca de la mejor patata frita, Historia

Suzy Palatin la Reina de las Patatas Fritas.

Algunos la llaman la Reina de las Patatas Fritas. Publicaciones como Saveur se atreven a afirmar que de su mano salen las mejores patatas fritas que se pueden comer en el mundo. Su nombre es Suzy Palatin y no es cocinera profesional ni trabaja como chef en un restaurante de alta cocina: Es modelo, aunque el éxito de sus patatas le ha granjeado desde hace años tal fama que decidió reconvertirse a escritora gastronómica.

Hoy vamos a contar su historia.

En origen, Suzy Palatin carecía de vínculos con el mundo de la alta cocina. Nació en la isla caribeña de Guadalupe, perteneciente a las antillas francesas. Allí fue donde vivió hasta los treinta años, cuando decidió mudarse a París para labrarse una carrera como actriz y modelo en la capital francesa.

En su Pointe-à-Pitre natal, Suzy creció bajo los soles del trópico y en el seno de una familia donde la alimentación era una cuestión de gran importancia y tradición.

Siendo ella pequeña, en su casa se cultivaban las verduras y se criaban los animales que luego se comían. Era una alimentación sencilla, pero a la vez completa y saludable.

Una vez en París, un mundo absolutamente distinto a aquel de donde venía, Suzy Palatin logró algunos pequeños papeles en el cine, en películas como “Vainilla y fresa” (1989), de Gérard Oury, o en “Henry y June”, de Philip Kaufman (1990).

También trabajó como modelo. Desfiló para algunos modistos de renombre.

Sin embargo, para su propia sorpresa, es en la cocina donde más iban a descollar sus talentos.

Según reconoce ella misma, hasta ese momento de su vida había cocinado poco y mal. Sin embargo, por nostalgia de su familia y de su tierra natal, empezó a frecuentar los fogones para reencontrar los platos y sabores de su infancia.

Uno de los primeros retos que acometió fueron las patatas fritas.

Descubrió enseguida que las que se servían en los restaurantes parisinos no encajaban con lo que ella consideraba que debía ser este alimento.

Así que Suzy Palatin, en los pocos ratos libres que le dejaba su dedicación al mundo de la moda y la actuación, se puso a cocinar sus propias patatas fritas y, eventualmente, a invitar a amigos a casa a comerlas.

Las “frites” de Suzy tuvieron un éxito fulgurante en el pequeño, pero selecto círculo de sus amistades, en el que figuraban personas destacadas como los chefs Jean-François Piège y Guy Martin.

Los rumores de las habilidades de la modelo para cocinar las patatas fritas llegaron hasta el maestro pastelero Pierre Hermé.

Hermé es heredero de una legendaria tradición familiar de reposteros que se remonta a cuatro generaciones. Este mismo año ha sido premiado con el título de mejor chef de repostería del mundo en la lista “The World’s 50 Best Restaurants”. Y también en 2016, Vanity Fair lo declaró el cuarto francés más influyente en el mundo.

Pues bien, el exigentísimo y prestigiosísimo, Pierre Hermé, picado en su curiosidad, fue a casa de Suzy Palatin, probó sus patatas fritas y tan absolutamente conmocionado quedó por el sabor y la textura de éstas que inmediatamente les dio su bendición.

Con el beneplácito de un nombre tan influyente como el de Hermé, la fama de Suzy Palatin en la capital mundial de la gastronomía, y mucho más allá, estaba garantizado.

La propia protagonista de la historia rememora este momento: “Al principio yo sólo hacía las patatas fritas a mis hijos. Y ellos me decían: “Mamá, son las mejores del mundo”. ¡Mi orgullo de madre estaba más que satisfecho! Pero también pensaba que aquello no podía ser verdad y que se trataba más bien de una cuestión de amor filial. Hasta el día en que el que las probó fue Pierre Hermé y declaró que, en efecto, las mías eran las mejores patatas fritas del mundo. Y entonces, ¡vaya si me sentí halagada! Pierre no dejó de decírselo a todo el mundo, y cada vez era más la gente que venía a mi casa, y al final escribí el libro”.

Curiosamente, tras el fulgurante éxito de la receta de la señorita Palatin, había un secreto más bien sencillo y, se diría, al alcance de cualquiera: Ella misma confesó que la clave de su receta de patatas fritas reside en el lavarlas con mucho cuidado; luego freírlas despacio; dejarlas reposar largamente después y volver a freírlas de nuevo, otra vez a fuego lento.

El resultado son unas patatas fritas esponjosas por dentro y crujientes por fuera.

Suzy nos da otros consejos: Recomienda 500 gramos de patatas por persona, aunque, cuando cocina en casa, ha llegado a incrementar la cantidad a un kilo por persona.

La modelo revela también que durante mucho tiempo las peló y cortó a mano, pero que ahora utiliza una máquina manual. Aconseja que cortemos la patata con un centímetro de grosor.

Insiste mucho, por otra parte, en la importancia del secado. Llega a decir que, de ser posible, hay que secarlas hasta tres veces. “Sólo así se podrá llevar la patata a su máximo de crujiente.

Con todo, el elemento esencial es la mano de Suzy Palatin, y ese secreto es intransferible. Ella misma cuenta que, cuando las patatas están friéndose, puede detectar el sonido preciso del aceite hirviendo que busca: “Es como si mis patatas me estuviesen cantando”, afirma.

Para que el éxito de su fórmula no se quedase en un círculo cerrado, Suzy Palatin publicó el libro de cocina “Las patatas fritas: diez maneras de prepararlas”, donde cuenta algunos de sus mayores secretos culinarios.

El libro gozó de gran éxito de público y crítica. De hecho, fue proclamado mejor libro de cocina de 2009 por el jurado de los premios Gourmand World Cookbook.

El volumen se compone en realidad de diez cuadernos de 24 páginas cada uno que nos desvelan una decena de maneras distintas de cocinar las patatas fritas.

Gracias a esta obra, comprendemos hasta qué punto elementos aparentemente pequeños como el corte de la patata, la cantidad de aceite, la fuerza del fuego o el tiempo de cocción pueden variar el resultado del plato final.

El éxito de sus personalísimas patatas fritas despertó un inmediato interés del público y de los aficionados a la cocina por la gastronomía antillana, de la que ella se ha convertido, en cierto modo, en embajadora en la capital parisina.

Sus recetas han llegado a aparecer incluso en la versión francesa de Master Chef.

Además de sobre cómo freír las patatas, la ex modelo ha publicado libros sobre cómo preparar el cerdo a la manera de su tierra, sobre platos criollos y sobre recetas que mezclan la exuberancia caribeña con una alimentación ligera y equilibrada.

Suzy Palatin está casada con el nutricionista Philippe Peltriaux, junto a quien escribe sus libros de cocina. En ellos, concilian la herencia culinaria caribeña de Suzy, así como su curiosidad exploradora de las cocinas del mundo, con las exigencias que impone una nutrición sana.

En todo caso, la Reina de la Papata Frita es una cocinera autodidacta, en cuya base se encuenta la cocina criolla de su tierra natal, pero, sobre todo, los platos tradicionales que preparaba su madre, a la que califica siempre como “dotada de un verdadero don”.

Cada uno de los libros que ha escrito y publicado tiene importantes implicaciones personales: “Amo todos mis libros. Han nacido sin excepción de una circunstancia o de una historia particular”.

En su caso, todos ellos remiten a sus recuerdos de infancia o a su vida familiar actual. Suzy vive, pues, la cocina como una cuestión muy íntima y personal.

Pese a que la cocina y la alimentación han estado presentes en la vida de Suzy desde su infancia, la Reina de la Patata Frita reconoce que no se sentía en absoluto predestinada a hacer este camino.

Tanto para las patatas fritas como para cualquier otro plato, Suzy Palatin se decanta por el pragmatismo. Considera, en primer lugar, que una buena alimentación es la mejor medicina. Y que no hay buena cocina sin buenos productos. También opina que un alimento sano sigue siéndolo después de su cocción. Que es sólo cuestión de saberlo trabajar.

Rememora cuando, antes de ser famosa, su hermana le dijo que todos sus platos sabían igual. Este hecho le sirvió para comprender que la dosificación de los ingredientes, el juego y combinación con ellos es la clave. Que el producto es más importante que las especias y aderezos.

En todo caso, en su fórmula para la patata frita, la mejor del mundo según muchos, reside el corazón de su éxito.

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